Simple Minds (Razzmatazz Barcelona, 17 noviembre 2009)
¿Qué se puede escribir sobre Simple Minds que no esté ya dicho? Iconos de los 80, grandes en su época, venidos a menos en los 90 y en pleno resurgimiento con su nuevo álbum Grafitti Soul. Jim Kerr y Charlie Burchill, los dos únicos miembros fundadores que quedan en la banda (aunque Mel Gaynor se merece el puesto de miembro fijo por su larga carrera junto a ellos), han facturado un disco que, según la critica, es el resurgir de los de Glasgow. Grafitti Soul proporciona canciones que vuelven a sus raíces, a aquellos años finales de los 70. Pero la experiencia se nota y la falta de miembros también, y la frescura de estas canciones no es comparable, a mi parecer, a la de aquellos trabajos atemporales. Grafitti Soul no será un clásico como lo pueden ser Sons and Fascination. Y no porque aún sea joven y debe pasar la prueba del tiempo, sinó porque creo que el pop que hoy en día factura Simple Minds es realmente un buen pop, pero alejado de su época (la presente). Está en la época de los grandes Simple Minds: por eso es un gran disco de Simple Minds, pero un simple buen disco de actualidad.
Todo esto lo venía pensando desde que escuché el nuevo trabajo en la tranquilidad de mi casa. Pero el martes 17 cambió mi percepción tras escuchar el directo de la banda. Porque Grafitti Soul es un gran disco en directo. Como siempre, nos encontramos a unos Simple Minds que en estudio pierden esa efectividad que tienen en directo. Porque la banda suena potente, pese a que la voz de Jim Kerr estuvo floja debido a enfermedad y a que ya se salta las melodías por aburrimiento, supongo. Así, una excelente puesta en escena de clásicos como Once Upon A Time, Room, Sons and Fascination, Street Fighting Years o Someone somewhere in summertime, junto a los nuevos temas como This is It, Grafitti Soul o Stay Visible (del disco anterior), nos proporciona un discurso coherente, un sonido unificado y potente, que no encontramos (salvando la distancia temporal) en sus discos. Porque los Minds han cambiado de fórmula en cada disco que han facturado, buscando la novedad, cosa que les ha hecho grandes pero que ha despistado al público. Excepto en las últimas entregas, en las que repiten fórmula. Y es realmente en directo cuando ves y aprecias la grandeza de su música, sus melodías y su fuerza.
Así, como hemos dicho, durante las más de dos horas del concierto, fueron desembolsando los éxitos de toda la vida (la gente los pide), junto con canciones de culto y temas nuevos. Un Razzmatazz medio lleno de gente entre 30 y 50 años (salgo alguna grata excepción a la baja de esta estadística) coreó las canciones junto a un Jim Kerr que no paraba de buscar la complicidad con los asistentes. Los allí presentes eran seguidores fieles, por lo que se puede decir que fué una gran fiesta entre amigos. Simple Minds se encuentra con sus fieles seguidores: garantía de éxito. De todas formas, costó un poco caldear el ambiente y no fué realmente hasta que desenfundaron Waterfront o Someone Somewhere in Summertime que la cosa no subió. Los paseos de Jim por la primera fila fueron altamente efectivos en los momentos más fríos. Y es que la experiencia es un grado.
En resumen: un buen concierto. Simple Minds es, y será para siempre, un grupo de culto que toca (y tocará) para sus seguidores fieles.

